
(..) es
de un amigo mío (la foto de la izquierda) muy edificante y al que mucho me
gustaría imitar en muchas de sus virtudes. Siempre calla (fuera de algún
rebuznillo); nunca se queja, no tiene pretensiones de caballo; carga con todo
como lo que es, como un burro. Cuando la gente quiere insultar a otro le dicen
su nombre y él no se molesta: le da un comino; se ve que aprendió aquello de
"oprobios, injurias, afrentas, etc." Es el más humilde de los
animales. Y por humildad, mereció estar con Jesús: en su nacimiento, en su
huída a Egipto, llevándolo encima en los momentos duros de la persecución; y
después en los gloriosos de la entrada en Jerusalén; y en esos momentos de
gloria y de palmas y de andar sobre vestiduras, no se envanecía, porque sabía
que esto no era por él sino por el que llevaba encima: él no era sino el
borriquito de Jesús. Pidamos al Señor que nos haga también esta gracia a
nosotros.
Texto obtenido de la Revista Ave María, nº 656 Agosto-Septiembre
de 2000
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