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sábado, 21 de marzo de 2015

¿Y cómo puedo educar a mi hijo?



El sacerdote estaba fuera de la iglesia. Saludó a Manuel, un parroquiano al que conocía desde niño, y le preguntó por la familia.

        —Mi mujer muy contenta, gracias a Dios. ¿Los niños? La pequeña ya pronto cumple 3 años, y sigue muy obediente en todo. En cambio, no sé qué hacer con el que tiene 5 años.

        —¿Le ocurre algo?

        —Llora continuamente. Cuando le pegan en la escuela no sabe defenderse y se encierra en sí mismo. Otras veces en casa llora apenas le decimos que no a algo que quiere.

—Habla con él. No “de hombre a hombre”, pero sí como papá.

—Lo hago en ocasiones. Comprenda que llego tarde y cansado del trabajo. 

Busco un momento para ver si le pasa algo, si puedo darle un consejo. Pero lo siento distante. Parece que no encontramos un modo para entrar “en sintonía”. Me escucha, pero no sé si me comprende. Tampoco sé si acepta lo que le digo, o si tiene algo dentro de sí que le hace encerrarse cada vez más en sí mismo.

        El sacerdote quedó un momento en silencio. No era la primera vez que escuchaba a un padre de familia con problemas a la hora de hablar con sus hijos. Y los problemas siempre se hacían mucho más serios cuando llegaba la adolescencia.

        Luego, como si hubiera recibido una luz superior, abrió los ojos y miró a su amigo.

        —Mira, Manuel, estamos ante algo que puede ser normal o que puede ser más serio. Pero en los dos casos, tenemos un camino muy grande, como cristianos, para vivir cualquier situación familiar: la oración continua con el Espíritu Santo.

        —No crea que no rezo por mi familia, especialmente por el mayor.

        —Sí, eso es muy, muy importante. Pero lo que quiero decir es otra cosa. Se trata de rezar así: “Espíritu Santo, ayúdame a comprender a cada uno de los miembros de mi familia. Ayúdame a escuchar lo que hay en el corazón de cada uno. Ayúdame a saber cuándo debo callar y cuándo debo hablar. Dame luz para que sepa decir a cada uno lo que más necesite, para escuchar con cariño a todos”.

        —Es una oración muy bonita. De verdad es que tenemos un Consuelo muy especial en el Espíritu Santo.

        —Y un Amigo que sabe dar mucha más luz de la que imaginamos. Por eso, cuando vas a hablar con tu hijo, comenta con el Espíritu Santo qué puedes preguntar, cómo comprender mejor al hijo, qué decir y cómo decirlo. Verás que te da una gran ayuda.

        —Sí, la necesito, pues eso de ser padre es como una nueva carrera. Yo pensaba de mí que era una persona madura, que ya sabía lo que es la vida. Sin embargo, tengo que aprender continuamente nuevas cosas a la hora de tratar con los hijos.

        —La verdad es que siempre estamos aprendiendo, Manuel. También yo, como sacerdote, necesito “estar al día” para afrontar los mil problemas de la vida de tantas personas. Pero lo importante es no dejar de lado lo esencial. Tú, yo, tu hijo, todos, vivimos desde el Amor de Dios y caminamos hacia el Amor de Dios. Si nos acercamos a Dios, si le “tomamos la mano”, se hace un poco más fácil el camino.

        —Gracias, padre. Ya me esperan en el coche. Rece por mí y por mi familia.


        —Rezo siempre por todos. Ojalá que así, en la oración, nos encontremos siempre unidos. Por cierto, ¿rezas con tu hijo? Verás que es una de las experiencias más bonitas. Incluso la más “educativa”, pues así no sólo tú rezas por el hijo, sino que rezas con el hijo y con todos. El Espíritu Santo no puede desoír la oración de una familia. Y si puede entrar entre vosotros, encontrarás fácilmente nuevos caminos para hablar con tu hijo, y tu hijo tendrá cada vez mayor confianza y alegría de vivir entre unos padres que lo aman y que le ayudan a amar a Dios.


Fernando Pascual, L.C.

martes, 10 de marzo de 2015

El cuaderno rojo


El cartero le entregó el telegrama y mientras Roberto le daba las gracias y empezaba a leerlo, no podía evitar que su cara mostrara una expresión de sorpresa más que de dolor.
Eran unas palabras breves y precisas: “Tu padre falleció. Lo sepultaremos mañana a las 18 horas. Mamá”

Roberto se quedó como estaba, de pie y mirando al vacío.

No sintió dolor, ni derramó ninguna lágrima, era como si hubiera muerto un extraño.
¿Por qué no sentía nada por la muerte de su padre?
Con un torbellino de pensamientos confusos en su mente, avisó a su esposa y emprendió viaje hacia la casa de sus padres. Mientras viajaba en silencio sus pensamientos pasaban por su mente a toda velocidad.
No tenía deseos de ir al funeral, sólo lo hacía para acompañar a su madre y tratar de aliviar su tristeza. 
Ella sabía que padre e hijo no se llevaban bien, desde aquel día de lluvia en que una serie de acusaciones mutuas, obligó a Roberto a irse para no volver nunca más.
Pasaron los años y Roberto vivía cómodamente. Se había casado y formado una familia, pero sólo se acordaba de su madre para su cumpleaños o alguna festividad.
A su padre sin embrago lo había borrado de su mente. Desde aquel fatídico día jamás lo vio ni habló con él. Jamás pudo superar el odio que sentía hacia él.
En el velatorio se encontró con pocas personas. En un rincón del salón vio a su madre pálida, débil. Se notaba que había sufrido mucho. Tal vez porque siempre deseó que las cosas terminaran de otra manera.
Cuando vio a su hijo, lo abrazó mientras lloraba silenciosamente, fue como si de pronto hubiera perdido toda esperanza.
Después, Roberto vio el cuerpo sereno de su padre. Estaba envuelto por un manto de rosas rojas, como las que al padre le gustaba cultivar. Pero de los ojos de Roberto no cayó una sola lágrima, su corazón herido no se lo permitía.
Se quedó con su madre hasta la noche, la besó y le prometió que regresaría con sus hijos y su esposa para que los conociera.
Ahora, por fin podría volver a su casa, porque aquella persona que tanto había odiado, ya no estaba en este mundo. Era el fin de la humillación, de las críticas, de los consejos ácidos de un sabelotodo. Por fin podría reinar esa paz que siempre quiso experimentar. 
En el momento de la despedida la madre le colocó algo pequeño y rectangular en la mano
-Hace mucho tiempo podrías haberlo recibido, le dijo. Pero, sólo después de que él murió lo encontré entre sus cosas más importantes.
Roberto no le dio mucha importancia y emprendió el viaje de regreso. Unos minutos después de haber comenzado el viaje, se acordó y quiso averiguar de qué se trataba lo que le había entregado su madre.
Después de desenvolverlo con cuidado vio un pequeño cuaderno de tapa roja.
Era un libro viejo y sus páginas habían quedado amarillentas por el paso de los años y al abrirlo pudo leer en su primera página algo que había escrito su padre:

• Hoy nació Roberto, pesó casi cuatro kilos. ¡Es mi primer hijo, estoy muy feliz y mi corazón salta de alegría!

El relato continuó apasionando a Roberto, que con un nudo en la garganta, seguía leyendo:

• Hoy, mi hijo fue por primera vez a la escuela. Es todo un hombrecito. Cuando lo vi con el uniforme, me emocioné tanto que no pude contener las lágrimas. Le pido a Dios que lo guarde y le de sabiduría para ser un hombre de bien.

La emoción de Roberto iba en aumento y el dolor de su corazón cada vez era más intenso, mientras por su mente comenzaban a resurgir imágenes del pasado.

• Roberto me pidió una bicicleta, mi salario no es suficiente, pero él se la merece porque es muy estudioso y dedicado.
• Así que pedí un préstamo y se la compré. Espero poder pagarlo con las horas extras.
• La vida de mi hijo será diferente a la mía, yo no pude estudiar. Desde niño me vi obligado a ayudar a mi padre, pero deseo con todo mi corazón que mi hijo no sufra ni padezca situaciones como las que yo viví.

Roberto no podía creer lo que estaba leyendo, era como si un mar de dolor inundara su conciencia. Vinieron a su mente los recuerdos de su adolescencia, como se quejaba a su padre por no tener bicicleta como sus amigos… y continuó leyendo.

• Es muy duro para un padre tener que castigar a su hijo, sé que me odiará por esto, pero es la forma en que creo debo educarlo para su propio bien.
• Fue así como aprendí a ser un hombre honrado y esa es la única forma en que soy capaz de educarlo.

Roberto cerró los ojos y recordó la noche cuando por causa de una fiesta en su juventud hubiera podido ir a la cárcel. De hecho todos sus amigos pasaron la noche allí. Sólo lo evitó, el que su padre, precisamente esa noche, no le permitió ir al baile con sus amigos.
También recordó otra oportunidad en la que no le concedió permiso para salir. Esa vez el auto en el que debía haber estado, chocó y quedó totalmente destrozado contra un árbol. Le parecía casi oír las sirenas y el llanto de toda la ciudad mientras sus cuatro amigos eran llevados al cementerio.
Las páginas se sucedían con todo tipo de anotaciones, llenas de respuestas que revelaban en silencio, la tristeza de un padre que lo había amado tanto.

Por fin llegó a la última página y leyó:

Son las tres de la mañana, ¿Dios, qué hice mal para que mi hijo me odie tanto?
¿Por qué soy considerado culpable, si no hice nada de malo, solo intenté educarlo para que fuera un hombre de bien?
Mi Dios, no permitas que esta injusticia me atormente para siempre.
Te pido perdón si no he sido el padre que él merecía tener y deseo de todo corazón que me comprenda y me perdone.

Estas fueron las últimas palabras de un hombre que, aunque nadie le había enseñado, a su manera intentó ser el mejor padre.
El mundo quizás podía verle como demasiado duro o intransigente, pero en lo más íntimo de su ser había un hombre tierno y lleno del amor de Dios, que nunca supo como expresarlo ni a su propia familia.
La aurora rompía el cielo y un nuevo día comenzaba, Roberto cerró el cuaderno, se bajó en la primera estación y regresó de nuevo hacia donde habían vivido sus padres.
Regresó quizás deseoso de que todo hubiera sido un mal sueño, de poder encontrar a su padre con vida y pedirle perdón por todo el mal que le hizo, pero no...
Gritó frente a su tumba, hubiera querido poder abrazarlo, pero solo encontró un profundo silencio.
Destrozado, fue a ver a su madre. Antes de entrar en la casa vio una rosa roja en el jardín; acarició sus pétalos y recordó como su padre las cuidaba con tanto amor. Esta fue la manera de encontrar paz en su corazón, ya que mientras acariciaba esa rosa, sintió como si acariciara las manos de su padre y descargara su dolor para siempre. Calmado ya, con voz suave se dirigió a su padre muerto: “Si Dios me mandara a elegir, no quisiera tener otro padre que no fueras tú. Gracias por tanto amor y perdóname por haber sido tan ciego”
Esta lección le hizo reflexionar, ya que él también era padre y se dio cuenta de que no estaba dando lo mejor de si, ya que las ocupaciones, los problemas y el stress, habían creado un silencio entre él y sus hijos.
A partir de ahora, decidió que su vida cambiaría radicalmente y que se compraría un cuaderno de tapa roja para poder anotar cada una de las historias que a partir de ese momento sucedieran en su familia.
“La adolescencia y la juventud son los únicos problemas que sólo se solucionan con el tiempo”
.



jueves, 5 de marzo de 2015

JESÚS ESTÁ EN LA VENTANA



Durante el verano, Juan y su hermanita Teresa fueron a pasar unos días a la granja de sus abuelos. Como el niño no paraba quieto, su abuelo le dejó que jugara fuera y que practicara con su tirachinas. No lograba darle a ninguna de las latas que había preparado para hacer blanco. Desanimado, se dispuso a regresar a casa para cenar.

Mientras caminaba de regreso, vio un pato, al parecer el más querido por su abuela. Y, como un impulso, cogió el tirachinas y lanzó la piedra, sin pensar que podría acertar. Le dio al pato en plena cabeza y cayó en redondo. Él estaba impresionado y consternado. En un momento de pánico, escondió el pato muerto detrás de unas maderas. En ese momento vio que su hermana lo estaba observando. Teresa lo había visto todo, pero no dijo nada. Después del almuerzo del día siguiente,  la abuela dijo:

- Teresa, vamos a lavar los platos.

Pero Teresa dijo:

- Abuela, Juan me ha dicho que él quería ayudarte en la cocina.

Luego le susurró a él:

- ¿Recuerdas lo del pato?

Así es que Juan lavó los platos.

Más tarde, ese mismo día, el abuelo les preguntó a los niños si querían ir a pescar, y la abuela dijo:

- Lo siento, pero necesito que Teresa me ayude a hacer la compra.

Teresa sonrió y dijo:

- Bueno, no hay problema, porque a Juan le apetece mucho ayudar a la abuela con la compra.

Ella, de nuevo, se acercó a su hermano y en voz baja le dijo:

- ¿Recuerdas al pato?

Así es que Teresa se fue a pescar y Juan se quedó ayudando.

Después de varios días en los que Juan hacía tanto sus tareas como las de su hermana, no aguantó más y decidió poner fin a lo que le estaba fastidiando las vacaciones. Le confesó a su abuela que había matado al pato.

La abuela reaccionó rápido, abrazó a su nieto y le dijo:

- Corazón, ya lo sabía. ¿Sabes? Yo estaba en la ventana cuando sucedió y vi todo lo que pasó. Pero, porque te quiero, te perdono. Sólo me preguntaba cuánto tiempo tardarías en decidirte y en permitir que tu hermana Teresa te hiciera chantaje. Nunca hay que tener miedo a decir la verdad, además siempre puede haber alguien que te vea por la ventana. Me preguntaba cuánto tiempo mas permitirías que Teresa te hiciera su esclavo.

Moraleja: 

Lo que hayas hecho en tu pasado y el Diablo continúe restregándotelo en tu cara (mentiras, odios, ira, falta de perdón, amargura, robos, etc.), cualquier error que hayas cometido, has de saber que Jesús estaba parado en la ventana y Él vio todo lo sucedido. 

Él ha visto tu vida completa y quiere que sepas que te Ama y que si le pides perdón, confesándote con un sacerdote, estás perdonado. Él sólo se está preguntando cuánto tiempo más dejarás que el Diablo te esclavice. 

Lo maravilloso de Jesús es que cuando tú pides perdón, Él no sólo te perdona si no que lo olvida, porque nos salva por medio de Su Gracia y Su Misericordia. 

Y recuerda siempre que... ¡Jesús está en la Ventana! 

miércoles, 25 de febrero de 2015

Decálogo para el curso


1 Organízate. Ordena tus cosas. Funcionarás mejor. 


2 Pide a Dios que te abra el apetito por la ciencia, por el estudio, por la responsabilidad. La etapa que inicias es inversión para el mañana.

3 Aficiónate a la lectura. Mucha televisión te distraerá, no te va a costar; leer sí te costará. El saber leer te llevará al éxito en los estudios. 

4 Sé responsable. Esfuérzate y da tu propia respuesta a las ofertas de estudio y de trabajo de los profesores. 

5 Iluciónate. Mira siempre adelante, con ojos limpios. Con ilusión todo te será más fácil y será un buen motor para avanzar con ganas. 

6 Sé buen compañero, sé buena compañera. Amable, cariñoso y atento. 

7 Utiliza los medios, libros, bolígrafos. No vale decir: “Se me ha olvidado”. 

8 Ten buenos modales. Usa palabras educadas, lávate la boca si se te escapa alguna grosería. 

9 Respeta la vida. Apréciala y que se vea que es así en personas, animales y plantas. 

10 Procura siempre hacer bien las cosas. Te sentirás mejor y te irás superando y estarás satisfecho y contento de ti mismo. Te auto-estimarás y esto va a ser la base de tu superación en todo. 


http://reflejosdeluz11.blogspot.com/

martes, 24 de febrero de 2015

Decálogo para el nuevo curso


1. Que los errores del año pasado no te impidan avanzar en aquellos proyectos e ideales que te marcaste: aportará ilusión a tu trabajo.

2. Vive con intensidad lo que haces. Cuando uno disfruta con lo que aprende o enseña, se nota. No pongas “el piloto automático”.

3. Aprecia lo que realizas. No siempre solemos conseguir lo que pretendemos. Hay que caminar hacia adelante con lo que tenemos.

4. Respeta a las personas que están delante de ti. Si eres profesor, llena de sabiduría a tus alumnos. Si eres alumno, valora el esfuerzo de los que intentan abrirte horizontes.

5. Sé consciente de tus limitaciones. Con ello conseguirás dos cosas: la humildad y el que los demás te puedan ayudar.

6. Encomienda a Dios tus afanes. El te dará la serenidad ante las dificultades, la sabiduría ante los retos, la constancia cuando te ronde la debilidad.

7. Sé persistente en tu responsabilidad. Educar, ni ser educado, es fácil. En el día de mañana se agradecen dos cosas: las personas que se desgastaron por nosotros y los conocimientos adquiridos.

8. Reflexiona sobre los frutos del pasado curso e, intenta, alcanzar aquellos objetivos que no fueron cumplidos.

9. Muéstrate delicado en tus expresiones físicas y verbales. No por ser espontáneo ni duro, somos más personas ni más respetados. Todo lo contrario.

10. Defiende tus ideales cristianos. Que se te vea contento de tu pertenencia a la iglesia de tu amistad con Cristo. Tendrás tu recompensa.

lunes, 23 de febrero de 2015

Oración del alumno


Comienza una nueva etapa en mi vida. 

Sí; Señor. Porque, este momento que voy a inciar, es un período irrepetible. Ya no volverá. 

Lo que no haga, tal vez, nunca tendré la oportunidad de realisarlo

Lo que haga, repercutirá para bien o para mal en un futuro próximo.

Por eso, Señor, quiero que me acompañes en este inicio del curso:

Que me des ILUSIÓN. Para iniciarlo con optimismo y ambición
.
Que me des HUMILDAD. Para acoger todo aquello que sea bueno para mi crecimiento personal, cultural, intelectual y cristiano.

Que me des DOCILIDAD. Para no provocar situaciones que, a la corta o a la larga, puedan condicionar mi vida.

Que me des DELICADEZA. Para tratar con respeto a las personas y a las cosas de alrededor.

Señor;
Tú sólo eres perfecto. Y por ello mismo, porque yo soy hijo tuyo, quisiera que me ayudases a superarme, cada día, en aquello que me haga crecer y prepararme, como persona y como cristiano. 
Amén.

lunes, 16 de febrero de 2015

EL PODER DE TUS ACCIONES


Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Mike.

Iba cargando todos sus libros y pensé: "¿Por que se estará llevando a su casa todos los libros el viernes? Debe ser un aburrido. Yo ya tenía planes para todo el fin de semana: fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino.
Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él.

Cuando lo alcanzaron le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo.

Vi que sus gafas volaron y cayeron al suelo como a tres metros de él.
Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus gafas. Vi lagrimas en sus ojos.

Le acerqué a sus manos sus gafas y le dije, "esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto".

Me miró y me dijo: "¡gracias!".

Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud.

Lo ayudé a llevar sus libros. Ví que vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada.
Caminamos hasta su casa, parecía un buen chico.

Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado conmigo y con mis amigos, y aceptó.

Estuvimos juntos todo el fin de semana.
Mientras mas conocíamos a Mike, mejor nos caía, tanto a mi como a mis amigos.

Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Mike con aquella enorme pila de libros de nuevo.

Me paré y le dije: "Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días".

Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.
Durante los siguientes cuatro años nos convertimos en los mejores amigos.
Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Mike decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo a la de Duke.

Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema.
El estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.

Llegó el gran día de la Graduación. Él preparó el discurso. Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Mike se veía realmente bien.

Era uno de esas personas que se había encontrado a sí mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos. Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban. ¡Caramba! Algunas veces hasta me sentía celoso... Hoy era uno de esos días.
Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que le di una palmadita en la espalda y le dije: "Vas a estar genial, amigo".

(Me miró con una de esas miradas de agradecimiento) y me sonrió: "Gracias", me dijo.

Carraspeó y comenzó su discurso: "La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquellos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador... pero principalmente a tus amigos.

Yo estoy aquí para decirles que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir y, a este propósito, les voy a contar una historia".
Yo miraba a mi amigo incrédulo cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos.

Aquel fin de semana él tenia planeado suicidarse. Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él para que su madre no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela.

Me miraba fijamente y me sonreía. "Afortunadamente fui salvado."Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable".

Yo escuchaba con asombro cómo este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad.
Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud.

En ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras:

Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera. Los amigos son ángeles que nos llevan en sus brazos cuando nuestras alas tienen problemas para volar.

viernes, 30 de enero de 2015

LO CORRECTO

(Hermosa reflexión para los papás)

Una tarde, un niño y su padre se encontraban pescando en un lago en las montañas y era el día previo para el comienzo de la temporada de róbalo, así que usaban gusanos de carnada para atrapar percha y pez sol.

El niño decidió practicar su lanzamiento usando un pequeño cabo plateado, al momento que el cebo cayó del agua, su vara se dobló por completo. El y su padre reconocieron al instante que algo enorme se había pegado al anzuelo. Cuando por fin logró subir al bote el pez más grande que había visto en toda su vida, una gigantesca luna había salido sobre el lago, sólo había un problema, el pez era un róbalo.

El padre del niño le echó un vistazo a su reloj y vio que eran las 10:00 p.m., justo dos horas antes del comienzo oficial de la temporada de róbalo.

Hijo, vas a tener que echarlo al agua – dijo el padre.

El protestó diciendo:
Pero nunca lograremos atrapar otro pez tan grande como éste.

Miró a su alrededor y vio que nadie más estaba en el agua para observar la situación, pero por el tono de su padre, el sabía que no era un asunto que podía discutirse. Cuidadosamente quitó el anzuelo de la boca del pez y con mucha delicadeza lo regresó al agua.

El niño estaba en lo cierto, nunca ha vuelto a pescar un róbalo tan grande, pero lo que si recuerda es la lección que su padre le enseñó aquella noche:

LO CORRECTO HAY QUE HACERLO NO SÓLO CUANDO ALGUIEN TE ESTE MIRANDO.

Los ojos de Dios están en todo lugar, mirando a los buenos y a los malos. Proverbios 15,3


domingo, 25 de enero de 2015

HISTORIA DE CANGREJO


(Dedicada a todos los papás)

Hubo cierta vez una reunión muy importante en el fondo del mar. Era la reunión de los cangrejos.
La había convocado uno de los más viejos para tomar en ella, lo que él pensaba, era una decisión muy importante.
Acudieron pues cangrejos de todos los mares, desde los que llegaban de mares pequeños y aguas tranquilas, hasta los que procedían de los océanos más agitados. Aún aquellos que vivían en los ríos contaminados mandaron a su delegado.
La reunión se abrió puntualmente. El viejo cangrejo tomó la palabra y dijo:

“Amigos míos, hemos venido haciendo algo que se ha constituido en un mal ejemplo para el resto del mundo. Es una costumbre que tenemos que cambiar”.

Muy preocupados, todos lo miraban con curiosidad. Un joven cangrejo de río no pudo reprimir la curiosidad, y preguntó:

“¿Y cuál es esa costumbre?” “¿Por qué crees que es un mal ejemplo para los demás seres de la creación?”.

El anciano cangrejo respiró profundo. Muy preocupado tomó de nuevo la palabra y continuó:

“Se lo diré sin rodeos. Debemos de dejar de caminar hacia atrás. Todos nos ponen de ejemplo negativo y hablan de nosotros como retrógradas”.

Un cangrejo colorado que venía de muy lejos, dándose cuenta de lo serio del problema, preguntó:

“¿Y qué propones para remediar el nocivo ejemplo que damos?”.

El anciano cangrejo tomó de nuevo la palabra:
“Seré realista. Para nosotros ya es muy difícil cambiar. Pero para los cangrejos niños será más fácil.
Yo propongo que sus madres les enseñen a caminar hacia adelante”.

Los cangrejos se emocionaron con la sinceridad con que se les había hablado, y secundaron con entusiasmo la moción.
De esta forma quedó instituido que todos los cangrejos que nacieran de ese momento en adelante, serían instruidos por sus madres para caminar hacia adelante.

Cada uno volvió a su hogar. Y las madres empezaron a enseñar a sus pequeñuelos.

Guiaron con amor sus patitas, primero una hacia adelante, luego la otra.

Una y otra vez insistieron en la nueva forma de avanzar.
Los pequeños intentaron seguir las instrucciones, aunque les costaba mucho trabajo. Pero con sinceridad trataron de hacerlo.

Sin embargo, sucedió algo curioso.

Sus mamás les decían cómo debían caminar, pero ellas mismas y todos los demás cangrejos a su alrededor continuaban caminando hacia atrás como siempre.

“¿Cómo es que ellas hacen una cosa y nos enseñan otra?”, dijo un cangrejito muy estudioso cuando las mamás no estaban presentes.

Los demás estuvieron de acuerdo.
Algunos pensaban que era una broma que les querían jugar, otros aducían que debía ser más fácil caminar hacia atrás, puesto que así lo hacían los demás.

En vista de la rebelión, hubo de convocarse a una nueva junta de cangrejos.

“La ley que hemos propuesto no funciona” admitió el anciano cangrejo que siempre decía la verdad.
Y agregó:

“Y no funciona porque no hemos predicado con el ejemplo, y lo cierto es que no podemos pedir a los demás que hagan lo que nosotros no hacemos”.

La historia dice que esa es la razón por la que los cangrejos siguen caminando hacia atrás.

Reflexión
La lección que se desprende de este simpático cuento infantil nos dice a nosotros que los demás prestarán más atención a lo que hacemos que a lo que decimos. . .
Y es una verdad que debemos aprender.

Predicamos mucho más con el ejemplo que con todas las palabras del mundo.


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