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sábado, 18 de mayo de 2013

Esa irrupción de la Santísima Trinidad en el alma.


La irrupción de la Santísima Trinidad en el alma es el misterio insondable de Pentecostés. Ese misterio se da al lado de María, alrededor de María, en presencia de María y con María.

La presencia de la divina Trinidad en ella, María va a comunicarla a los Apóstoles, y a través de ellos a todas las almas que quieran seguir a Cristo. Todo lo ocurrido el día de la Ascensión, María va a guardarlo en su corazón. Instruida por el ejemplo de su Hijo, María ha comprendido la voluntad de su Padre en ella.

« Hágase tu voluntad »: El fiat de la Anunciación y el fiat de la Cruz llevan a María al fiat de la Ascensión Jesús ha desaparecido ante sus ojos carnales y es un misterio de separación el que le falta vivir, un desprendimiento más puro y más perfecto todavía que todos los que hasta ahora ha vivido. María no duda un instante. De nuevo se da prisa en reunir a los apóstoles.

Los acontecimientos tan desconcertantes pudieron dispersarlos una vez más; pero María contempla. Ella ve más allá de las apariencias.   



Adorar a María, Marie–Benoîte Angot, Editions le Sarment

http://www.mariedenazareth.com/

miércoles, 17 de abril de 2013

Santa Catalina Tekakwitha, virgen




SU VIDA

En la (web site oficial del Santuario Nacional de la beata Kateri Tekakwitha http://www.katerishrine.com/ ) en Fonda (New York) encontramos esta pequeña biografía:

“Kateri Tekakwitha fue una joven Mohawk que vivió en el siglo XVII. La historia de su conversión al cristianismo, su coraje en la cara de sufrimiento y de su santidad extraordinaria es una inspiración para todos los cristianos. (…) Kateri nació en 1656 de una madre Algonquin y un jefe Mohawk en la aldea fortificada de Mohawk Canaouaga o Ossernenon (hoy en dia, Auriesville) en el estado de Nueva York. Cuando tenía sólo 4 años de edad sus padres y su hermano murieron de una epidemia de viruela. Kateri sobrevivió a la enfermedad, pero dejó su cara marcada y con una discapacidad grave en su vista. 

Debido a su mala visión, Kateri fue nombrado “Tekakwitha", que significa “la que se tropieza con las cosas". Kateri fue recogida por su tío, que se opuso duramente al cristianismo. Cuando tenía 8 años de edad, la familia de acogida de Kateri, de acuerdo con las costumbres iroquesas, la emparejó con un niño a la espera de que se casarían. Sin embargo, Kateri quería dedicar su vida a Dios. Su tío desconfiaba de los colonos debido a la forma en que trataban a los indios y que fueron los responsables de la introducción de la viruela y otras enfermedades mortales en la comunidad indígena.

Cuando Kateri tenía diez años, en 1666, una partida de guerra compuesta por soldados franceses e indios hostiles de Canadá destruyó las fortalezas de Mohawk situados en la orilla sur del rio Mohawk, incluyendo Ossernenon. Los mohawks supervivientes se trasladaron a la parte norte del río y construyeron su pueblo fortificado cerca del actual pueblo de Fonda. Kateri vivió en Caughnawaga, sede del Santuario de la actualidad, durante sus siguientes diez años.

Cuando Kateri tuvo 18 años de edad, comenzó las instrucciones de la fe católica en secreto. Su tío, finalmente cedió y dio su consentimiento para que Kateri se convirtiera al cristianismo, a condición de que ella no tratara de salir de la aldea india. Por unirse a la Iglesia Católica, Kateri fue ridiculizada y despreciada por los aldeanos. Fue sometida a acusaciones injustas y su vida se vio amenazada. Casi dos años después de su bautismo, en el lugar donde hoy se erige el Santuario de Kateri, se escapó a la Misión de San Francisco Javier, un asentamiento de indios cristianos en Canadá. 

El pueblo en Canadá llamado Caughnawaga (Kahnawake). Aquí era conocida por su dulzura, amabilidad y buen humor. El día de Navidad 1677 Kateri hizo su primera comunión y en la Fiesta de la Anunciación en 1679 hizo voto de virginidad perpetua. Asimismo, se ofreció a la Santísima Madre para que la aceptara como una hija.

Durante su estancia en Canadá, Kateri enseñaba oraciones a los niños y trabajaba con los ancianos y enfermos. Ella solía ir a misa, tanto al amanecer como al atardecer. Ella era conocida por su gran devoción al Santísimo Sacramento y de la Cruz de Cristo.

Durante los últimos años de su vida, Kateri soportó un gran sufrimiento de una enfermedad grave. Ella murió el 17 de abril de 1680, poco antes de cumplir 24 años, y fue enterrado en Kahnawake, Quebec, Canadá.
Las últimas palabras de Kateri fueron:. “Jesos Konoronkwa”, que significa: “Jesús, Te amo”

Los testigos informaron de que a los pocos minutos de su muerte, las marcas de viruela le desaparecieron por completo y su rostro resplandecía con encanto radiante.

Antes de su muerte, Kateri prometió a sus amigos que iba a seguir amando y orar por ellos en el cielo. Tanto los nativos americanos y los colonos, de inmediato, comenzaron a orar por su intercesión celestial. Varias personas, incluyendo a un sacerdote que asistió a Kateri durante su última enfermedad, informaron que Kateri se les había aparecido y muchos milagros de sanación fueron atribuidos a ella".

Novena a la Beata Kateri

Kateri, hija favorita, Flor de la algonquinos y lirio de los mohawks, venimos a buscar tu intercesión en nuestra necesidad actual: (mencionar aquí...).
Admiramos las virtudes que adornaban tu alma: el amor a Dios y al prójimo, la humildad, la obediencia, la paciencia, la pureza y el espíritu de sacrificio.
Ayúdanos a imitar tu ejemplo en nuestra vida. A través de la bondad y la misericordia de Dios, que te bendijo con tantas gracias que te llevaron a la verdadera fe y con un alto grado de santidad, ruega a Dios por nosotros y ayúdanos.
Concédenos una devoción muy ferviente de la Sagrada Eucaristía para que podamos amar a la Santa Misa como tu lo hiciste y recibir la Santa Comunión con la frecuencia que nos sea posible. Enséñanos también a ser devotos como tú, de nuestro Salvador crucificado, que con gozo podamos llevar nuestras cruces de cada día por amor a El. Quien tanto ha sufrido por amor a nosotros. Más que todo te ruego que ores para que podamos evitar el pecado, llevar una vida santa y salva nuestras almas. 
Amén.

En acción de gracias a Dios por las gracias concedidas a Kateri: un Padre Nuestro, Avemaría y Gloria tres de Be. Kateri, la flor de los algonquinos y lirio de los mohawks, ruega por nosotros

sábado, 13 de abril de 2013

Nuestra Señora del Divino Llanto


Apenas ha comenzado el año 1924. Una hermana Marcelina al borde de la muerte, recibe la visita de una ‘bella Señora’ trayendo en sus brazos a un Niño que lloraba. Ésta le concedió la sanación como testimonio para que diera a conocer su ‘mensaje’. Sor Elisabetta relató: “La Virgen me ha dicho que Jesús llora porque no es lo suficientemente amado, buscado, deseado, incluso por las personas que le están consagradas”


... En Cernusco, la alcoba donde se produjo la aparición fue transformada en Capilla, una estatua de la Virgen, confeccionada especialmente según las indicaciones de la Vidente, recuerda a todos el mensaje del que la Virgen las ha hecho depositarias. En Cernusco sul Naviglio, una localidad cercana a Milán, se encuentra la casa natal del Instituto Marcelino convertida en casa de reposo para monjas enfermas y ancianas. 

SOR ELISABETTA RADAELLI Allí, una joven Hermana, Sor Elisabetta (1897 – 1984), enferma desde hace dos años, se precipita ya hacia el término de su vida: paralizada, ciega desde un año atrás, minada por un mal que no perdona. Nacida en Arcore, en la baja Brianza, dentro de una familia humilde y muy religiosa, Elisabetta entró muy joven en la Congregación. Diestra bordadora, pero igualmente dispuesta para todo servicio, luego del noviciado fue asignada a la casa de Riva San Vitale, como asistente de los niños del asilo. Mas cayendo pronto gravemente enferma, fue transferida a Cernusco sul Naviglio, la primer casa de la Congregación, convertida desde 1902 en casa de cuidados y reposo para las hermanas ancianas. A pesar de la esmerada atención que se le impartiera, Sor Elisabetta empeoró tanto, que a principios de 1924 se había perdido toda esperanza de curación. Estoicamente paciente en sus múltiples sufrimientos, había sido también afectada por humillantes disfunciones orgánicas. 

LA PRIMERA APARICIÓN El 6 de enero de 1924, muy entrada la noche, las otras religiosas de la congregación oyen a la Hermana Elisabetta hablando en voz alta. Piensan que está soñando. Pero ella no duerme; sino que conversa –como dirá a la mañana siguiente- con una ‘bella Señora’ que ha ido a visitarla. La ‘Señora’ anima a la hermana a aceptar de buen grado su sufrimiento por amor a Dios. ¡Le infunde tanta confianza!. Sor Elisabetta se encomienda a sus oraciones y le dice: - ¡Señora, qué buena es Usted!. Récele Usted que es tan buena. Estoy segura que si Usted le ruega, el Señor escuchará mis plegarias, porque Él tiene compasión de los enfermos!... La Señora la alienta: - Reza, confía y mantén la esperanza: regresaré entre el 22 al 23 - (Sor Elisabetta entiende entre el 2 y el 3 del mes siguiente). La Hermana entonces, olvidándose de sí, ruega a la Señora que vaya a confortar a las otras enfermas. La Señora sonríe y –como dirá luego Sor Elisabetta- ‘se marcha discretamente’. La mañana siguiente, la Hermana enfermera, en su informe sobre esa noche refiere: -“Sor Elisabetta anoche hablaba en sueños, en voz alta”. La paciente asombrada interviene: -“¡Pero no! No soñé. Estaba hablando con la Señora que vino a visitarnos a las enfermas. La he visto; me habló y vendrá entre el 2 y el 3...”. Sor Elisabetta estaba ciega desde hacía más de un año: ¿cómo podía ‘haberla visto’? Se creyó que todo había sido un sueño. Pasó la noche del 2 al 3 de febrero; Sor Elisabetta esperó en vano la visita de la buena Señora. Esto convenció aún más a las Hermanas de la Casa que la pobre enferma lo había soñado y no se habló más del asunto. En cambio, Sor Elisabetta se dijo: -“No ha venido porque no he sido suficientemente buena...”. Las hermanas atribuyeron el relato a una alucinación producida por el mismo mal que la atormentaba desde hacía tanto, y que incluso ya la había dejado ciega. Sor Elisabetta calló y aguardó en silencio. 

LA SEGUNDA APARICIÓN Y CURACIÓN Entretanto, la enfermedad avanza rápidamente. Llegamos a la noche del 22 al 23 de febrero. Desde hace quince días, la parálisis progresiva ha privado a la Hermana incluso del uso de la palabra, de la deglución y de cualquier movimiento de los miembros, imposibilitándola por completo. El Médico que la atiende, en vista del agravamiento de los síntomas había declarado: -“Es cuestión de horas, sigamos vigilándola”. De hecho, dos religiosas velan junto a su lecho: la hermana enfermera y otra más que se convertirán así en testigos del prodigioso evento. Son apenas pasadas las 23:45 hs. La enferma sufre un estremecimiento, las hermanas se alarman temiendo le inminencia del fin. Sor Elisabetta emite un grito: -“¡Oh, la Señora, la Señora!”. Y se produce textualmente el diálogo que sigue: - ¡Te había dicho que vendría entre 22 al 23! - Oh, ¿del 22 al 23? Yo había entendido que era entre 2 y 3. Breve silencio. Sor Elisabetta, súbitamente: - Pero Usted... Pero Usted... pero Usted es la Virgen! ... es la Virgen... La Santa Virgen sonríe melancólica. Otro silencio. - Oh, la Virgen, la Viren con el Niño... pero el niño (Sor Elisabetta se entristece, casi llorando) el Niño llora... ¿llora por mí? ¿Llora por mis pecados? El Niño está sujeto entre los brazos maternos, su larga túnica nívea se pierde en el manto de la Virgen; desde sus ojos ruedan dos gruesas lágrimas surcando sus mejillas; los labios cerrados en el afligido llanto. A las ansiosas palabras de la Vidente la Virgen responde: - No, el Niño llora porque no es suficientemente amado, buscado, deseado, incluso por las personas que les están consagradas... tú debes decir esto! Sor Elisabetta no capta la misión que la Virgen quiere encomendarle y exclama: - ¡Señora, Señora, lléveme al Paraíso!... - Allí irás, pero debes permanecer aquí para decir esto. La hermana ahora comprende, pero considera su miseria, su incapacidad y siente un pánico inmenso. - ¡Oh, Señora –insiste- yo soy la última de todas, no soy nada, soy una carga para mi Comunidad: lléveme al Paraíso! - ¡Debes quedarte para decir esto! - Pero Señora, quién va a creerme?...soy una ignorante... no soy nada... ya ni siquiera soy capaz de hablar; ¿quién va a creerme? Silencio de parte de la Virgen que la mira enternecida y triste. A esta altura, Sor Elisabetta confiesa que, desesperada en el alma por no saber cómo conciliar el deseo de la Virgen con su incapacidad intelectual y física –durante el coloquio ella se creía muda y agonizante-, ya en el colmo del dolor, de pronto se esclareció y se atrevió a decir: - ¡Oh, Señora, déme una señal La Virgen sonríe benévola, pero siempre triste. Se inclina ligeramente hacia la Hermana y le dice: - ¡Te devuelvo la salud! – y se desvanece con el Hijo Divino. La Vidente confesó que sintió entonces un dolor terrible en todo el cuerpo, al que siguió una sensación de bienestar y de vida que la inundó por completo. Se levantó de la cama y se dirigió a las Hermanas que la acompañaban, quienes estaban profundamente conmocionadas al haber oído su parte en el diálogo: - ¡Estoy curada, estoy curada: la Virgen me ha curado! Eran aproximadamente las 0:15 hs. 


LAS REACCIONES POSTERIORES 
La Superiora, llamada por un simple –“Venga, venga”- de la enfermera, se precipita en la habitación de Sor Elisabetta, creyéndola in extremis, y la encuentra de pie, frente a ella, resplandeciente y con los ojos iluminados por un brillo inusual. Le abraza impetuosamente al tiempo que le dice: - Superiora, Superiora, la Virgen me ha curado y me ha dicho que diga... que diga que Jesús llora porque no es suficientemente amado, buscado, deseado, incluso por las personas que les están consagradas. – Y al cabo de un breve silencio añade - ¡Qué lagrimones, qué lagrimones, pobre Jesús! – mientras describe con los dedos en arco el grosor y el trayecto de las lágrimas. Luego de esta declaración, que tomó por escrito la Superiora, a Sor Elisabetta se la llamo al más absoluto silencio sobre el suceso. Transferida enseguida al colegio de Via Quadronno en Milán, Sor Elisabetta, fidelísima al compromiso asumido, recomenzó una vida de intensa labor en la asistencia a las alumnas y la oración. La Virgen ‘se abrió camino por si misma’, como dijo el beato Cardenal Schuster, informado del caso. La habitación donde se había producido la aparición se convirtió en meta de peregrinación de todos los devotos habitantes de Cernusco. Transformada en Capilla, se colocó allí una estatua policroma de la Virgen con el Niño llorando (de aquí el título de Virgen del Divino Llanto) según la descripción brindada por Sor Elisabetta. Junto a esta Capilla, a fin de brindarle consuelo, ella misma fue transferida en el último período de su enfermedad, que la condujo a la visión de Nuestra Señora y Madre María que tanto la había amado. De este modo la Virgen, que fue la inspiradora de Monseñor Biraghi, para la fundación de las Marcelinas, hoy les pide a ellas que repitan al mundo su maternal invitación para buscar, desear y amar a su Jesús, único Salvador para la humanidad extraviada. La Congregación de las Marcelinas ha recogido el mensaje divino con amor y compromiso. Innumerables ex votos atestiguan cuánto aprecia la Virgen ser honrada bajo el título de Madre del Llanto Divino.



http://foros-virgen-maria.blogspot.com/2009/01/nuestra-seora-del-divino-llanto-italia.html
http://www.marcelline.org/sito-istituto/mx/luce-alto.htm

sábado, 26 de febrero de 2011

Miradas a la Virgen

El sábado era el día de la Virgen. Sus padres iban a rezar el Santo Rosario, junto a otras familias, a la parroquia de San Bartolomé, y lo llevaban si prometía permanecer tranquilo y portarse bien, lo cual no resultaba nada fácil. Y bajo la misma promesa asistía a la Sabatina: una solemne bendición con el Santísimo Sacramento y el canto de la Salve.

Cuando el niño tuvo más edad, sus padres le enseñaron el rezo del Angelus.

Cada día, al dar el reloj las doce, el Relojerico revoloteaba agitado, recordando a la familia el rezo del Angelus: San Gabriel no le perdonaría este olvido. Leer más

lunes, 7 de febrero de 2011

Cuantas veces, siendo niño te recé

 María, Maestra de oración. - Mira cómo pide a su Hijo, en Caná. Y cómo insiste, sin desanimarse, con perseverancia. - Y cómo logra.
-Aprende
503 - Camino -San Josemaría
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