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viernes, 4 de abril de 2014

El reloj cuaresmal


.LA HORA DE LA CONVERSIÓN. Es una llamada a redescubrir nuestro origen. A poner en hora nuestra vida cristiana. No es tanto un esfuerzo personal cuanto, de nuevo, ir al encuentro de Aquel que nos ama.

.LA HORA DE LA VERDAD. No caminamos hacia la nada. El tiempo de cuaresma nos pone en órbita hacia la Pascua. Nuestro final definitivo no es la gran mentira en la que viven sumidos muchos hombres. Nosotros, porque Cristo nos lo aseguró con su propia existencia, sabemos que hay una gran Verdad: la vida de Jesús y sus promesas.

.LA HORA DE LA CARIDAD. Sin obras, nuestra fe, queda coja. Pero, nuestras obras sin referencia a Dios, pronto se agotan. Pueden derivar incluso en el puro humanismo. La hora de la caridad cuaresmal nos centra en Aquel donde nace el paradigma del amor: Cristo.

.LA HORA DEL SILENCIO. El silencio es un bien escaso. No se encuentra en cualquier lugar ni se compra en cualquier establecimiento. Una campana, una iglesia abierta….pueden ser una llamada a poner en orden lo que tal vez llevamos atrasado: la visita con el Señor. La oración.

.LA HORA DE LA PALABRA. ¿Cómo podemos encontrar el camino si no dejamos que el Señor nos lo indique? El reloj cuaresmal nos hace llegar con prontitud a la escucha de la Palabra. Es un tiempo de audición de lo santo, de captar aquello que es esencial para nuestra fe.

.LA HORA DEL AYUNO. Acostumbrados a mirar al reloj para la hora de la comida, la cuaresma, lo paraliza. Nos hace comprender que, la ansiedad, no es buena consejera para tener hambre de Cristo. Es un buen momento para ayunar de excesos, malos modos, blasfemias, odios, ingratitud, preocupaciones, críticas…..

.LA HORA DE LA PENITENCIA. Nos gusta el llano y antes que una simple carretera preferimos la autopista. La cuaresma nos recuerda que el sacrificio nos mantiene vigorosos, lo mismo que el entrenamiento hace grande y fuerte a un futbolista. Rectificar es de sabios y moderar ciertos comportamientos nuestros nos pueden encaminar a identificarnos más con Cristo.

.LA HORA DE LA CONFESIÓN. Hasta la mejor prenda necesita, de vez en cuando, ser llevada a una buena lavandería. Nuestras almas, en las que se encuentra impreso el sello de Hijos de Dios, tienen derecho a ser puestas a punto. La hora de la confesión nos facilita un nuevo rostro: la alegría de sentirnos reconciliados con Dios y con nosotros mismos.

.LA HORA DEL HERMANO. El encuentro con Jesús empuja al abrazo con el hermano. No podemos observar el reloj cristiano y, a continuación, olvidarnos de las horas amargas en las que viven los que nos rodean. Poner a punto nuestra vida cristiana nos exige ayudar a aquellas personas que quedaron rezagadas en la felicidad, en el bienestar o en el amor.

.LA HORA DEL CORAZÓN. Las prisas y los agobios, el estrés o el ritmo de vida que llevamos…presionan en exceso la serenidad de nuestro corazón. El reloj cuaresmal procura que, el corazón, vaya despacio, medite, reflexione, ame y se oxigene a la sombra del Corazón de Cristo.

.LA HORA DE LA MISA. Frecuentemente señalamos el reloj y preguntamos ¿y si tomamos un café? El reloj cuaresmal nos interpela ¿y por qué no una eucaristía diaria? Nunca, en tan poco tiempo, se nos ofrece tanto: acogida, perdón, calor, palabra, fuerza, silencio, amor, paz interior y poder saborear lo que sólo Jesús nos puede dar: su Cuerpo y su Sangre.

Escrito por Javier Leoz - Delegación de Piedad Popular (Pamplona)
http://reflejosdeluz11.blogspot.com/

jueves, 3 de abril de 2014

Con la cruz a cuestas



 
Cuenta la historia de un hombre que caminaba por el rumbo de la vida cargando su cruz sobre sus hombros. De repente se le apareció un señor muy imponente, vestido con un extraño traje rojo que le dijo: 

"Pero hombre ¿Qué estás haciendo con semejante cruz encima? No tiene sentido. ¿Por qué no le cortas un poco los extremos así la carga se te hace más liviana?" 

El hombre, luego de pensarlo por un breve momento, creyó que ésa era una buena idea para evitar tanto esfuerzo. Fue así que limó los extremos de la cruz y siguió caminando.

A los pocos metros, el señor de rojo se hizo presente otra vez.

"Pero ¿Qué te dije amigo? No la has achicado casi nada. Córtale las puntas un poco más.

Estás arrastrando una cruz demasiado pesada pudiendo sacrificarte menos para llevarla.
No seas tonto!" Y el hombre esta vez cortó los extremos de la cruz.
Sintiéndose ahora un poco más aliviado, continuó su camino.
Ya el tamaño de la cruz había disminuido notablemente y el hombre podía cargarla con más comodidad.

Al poco tiempo de avanzar, el señor de rojo volvió a cruzarse ante él y le insistió:


"Vamos... Córtale los extremos más todavía. Mientras más chica sea la cruz menos va a costarte llevarla."  Entonces el hombre se detuvo y volvió a cortarle los extremos hasta que pudo cargarla con una sola mano.


Siguió caminando y a medida que avanzaba, pudo divisar una gran luz blanca al final del camino. Cuando llegó a este punto estaba Dios aguardándolo.


"Bienvenido Hijo Mío al umbral de la Gran Puerta Al Paraíso". 

"Pero Dios... ¿Dónde está la puerta que no la veo?  Y el Señor, con su dedo índice apuntando hacia arriba, señaló una puerta en lo alto y le dijo:


"Es aquella que está allá en las alturas. ¿La ves ahora? Bueno, para entrar sólo debes abrirla. 


Evidentemente abrir la puerta no era el inconveniente, pero sí lo era alcanzarla.


"Pero Señor ¿Cómo hago para subir tan alto? 

"Para eso tienes la cruz. Debes apoyarla sobre esta pared y escalarla hasta la puerta. Esta cruz que has estado cargando durante toda tu vida tiene la medida exacta para que llegues a la Puerta del Cielo. De otra forma es imposible". 


"Pero Señor... Es que mi cruz ya no tiene ese tamaño. Yo le hice caso a un Señor de traje rojo que durante todo mi camino estuvo acechándome, tratando de convencerme para que yo mismo me facilite las cosas. Y me convenció. Yo hice mi carga más liviana por consejos de él." 



"Ay Hijo Mío... Te has dejado tentar y mira ahora lo que te ha pasado. ¿Te das cuenta que al final de todo, las malas influencias terminan perjudicándote?" 


Moraleja:

Todos debemos asumir que la cruz que nos ha tocado en la vida es la que debemos soportar hasta el final  para poder traspasar las puertas del Cielo.


 
        

lunes, 31 de marzo de 2014

Semana Santa: Juego de la oca


- Los periodos están referidos en los carteles indicadores. El más amplio son las últimas 14 casillas correspondientes a las estaciones del VIACRUCIS (30-43). 

- Se corre de periodo en periodo (6, 12, 17, 22 25 29) sin repetir tirada. 

- Casilla 14 30 monedas de plata para entregar a Jesús " Si te dejas comprar, párate un turno a pensar"

- Cruz con rosas: intercambio de casillas (de la 16 a la 31 o viceversa) " Si de la cruz te enamoras cortas se te harán las horas"

- Las casillas de descanso son las tres caídas del Señor: 32 (primera, un turno sin tirar), 36 (segunda, dos turnos sin tirar), 38 (tercera, tres turnos sin tirar). " Para el aliento recuperar, un poco tendrás que esperar"

- Jesús crucificado (casilla 41, Cristo de Velázquez) " Si al crucificado miras, desde la casilla de salida tiras " (volver a la casilla de Salida)
      


sábado, 29 de marzo de 2014

Oración para descubrir al otro


Señor: enséñame a ver detrás de cada palabra, de cada hermano, alguien  que se esconde, que posee la misma profundidad o mayor que la mía, con sus sufrimientos y sus alegrías, alguien que tiene vergüenza, a veces, de mostrarse tal cual es: que no le gusta mostrarse ante los demás  por timidez o porque...quizá lo que mostró una vez fue lo mismo que nada.

Señor: hazme descubrir detrás de cada rostro en el fondo de cada mirada, un hermano, semejante a Ti y, al mismo tiempo, completamente distinto de todos los otros.

Quiero, Señor, tratar a cada uno a su manera, como Tú lo hiciste con la Samaritana, con Nicodemo, con Pedro... como lo haces conmigo.

Quiero empezar hoy mismo a comprender a cada uno en su mundo, con sus ideales, con sus virtudes y debilidades, también, ¿por qué no?... ¡con sus “manías”!

Ilumíname también para comprender a los que me dirigen, a los que tienen autoridad sobre mí.
Que comprenda aquellos a quienes estoy sujeto, de quienes, en cierta medida, dependo.

Ayúdame, Señor, a ver a todos como Tú los ves, a valorarlos no sólo por su inteligencia, su fortuna o sus talentos, sino por la capacidad de amor y entrega que hay en ellos.

¡Que en el “otro” te vea a Ti, Señor!

Señor, que te vea detrás de cada rostro.


Dibujo: Sal de tu cielo 
Texto: http://reflejosdeluz11.blogspot.com/

miércoles, 26 de marzo de 2014

Me dispongo a perdonar


Me gusta la sensación de libertad que siento cuando me quito la pesada capa de críticas, miedo, culpa, resentimiento y vergüenza. 

Entonces puedo perdonarme a mi y perdonar a los demás.
Eso nos deja libres a todos. 

Renuncio a darle vueltas y más vueltas a los viejos problemas.

Me niego a seguir viviendo en el pasado.

Me perdono por haber llevado esa carga durante tanto tiempo, por no haber sabido amarme a mí ni amar a los demás.

Cada persona es responsable de su comportamiento, y lo que da, la vida se lo devuelve.

Así pues, no necesito castigar a nadie.

Continúo con mi trabajo de limpiar las partes negativas de mi alma y dar entrada al amor.

Entonces me curo.

Así que es lo mejor que podemos hacer, despojarnos de todo peso de toda culpa y así pidiendo perdón a Dios primeramente, luego a quien ofendimos y por ultimo perdonémonos nosotros mismos, así la vida es de mucho gozo y armonía, solo depende de nosotros, hagámoslo y nos sentiremos mejor en todo sentido.
 
Proverbios: 17:17

"En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia"

Dibujo:Fano

martes, 25 de marzo de 2014

Si fuéramos... la Cuaresma sería


Si fuéramos automóviles, la Cuaresma sería el tiempo de cambiar el aceite y afinar el motor.

Si fuéramos jardines, la Cuaresma sería tiempo de fertilizar nuestra tierra y arrancar las malas yerbas.

Si fuéramos alfombras, la Cuaresma sería tiempo de darles una buena limpieza con el aspirador o una buena sacudida.

Si fuéramos baterías (pilas), la Cuaresma sería tiempo de recargarlas.

 Pero no somos ninguna de estas cuatro cosas:

Somos personas que, quizá, muchas veces hemos hecho cosas malas y necesitamos arrepentirnos de ellas. De aquí la necesidad de hacer una buena confesión.

Somos personas que muchas veces nos dejamos llevar por nuestro egoísmo y que, por lo tanto, necesitamos empezar a pensar en los demás. De aquí la necesidad de la limosna.

Somos personas que muchas veces perdemos de vista el fin para el que fuimos creados por Dios.
Necesitamos, pues, recobrar la vista. De aquí la necesidad de la oración.

viernes, 21 de marzo de 2014

Día internacional Síndrome de Down



Nuestra Princesita 

Oración de un niño Síndrome de Down



“Señor, hoy he nacido. He partido de tu vida
para vivir con los míos hasta el día que tú decidas.

Señor, hoy he nacido, y en los brazos de mi madre
se confunden las angustias con dos llantos semejantes.

Señor, porque tú lo sabes, ¿porque he nacido distinto?:
distintos son mis ojitos, mis manecitas
más gordas y mis labios y mi cara son diferentes,

¿Por eso llora mi madre? ¿Por ello me miran todos? como queriendo decir:
“Con que pena que has nacido”.

Señor, tú que lo sabes, tú que guías a la mente, diles con tu voz divina que yo también vivo y siento.
Que soy como aquellos arboles más débiles y pequeñitos, que soy entre las montañas solamente aquel cerrito.

Diles que juego y que bailo, diles que lloro y que rio, diles que aprendo también y que correré con ellos.

Diles, Señor de los cielos, que yo también soy el hijo, que adoro a mis hermanitos cuando se ríen conmigo.
Y al hombre que desde lejos mira mi andar tropecino, dile también que me quiera porque yo también soy hijo.

Señor, tú que comprendes cuanta alegría yo siento cuando feliz en mi casa con mis queridos juego,
tú que conoces por dentro cuanto sueño, cuanto pienso,

tú que has dado tu vida con idénticos desvelos con que han llegado otros niños, diles a todos mis anhelos.
Diles que canto y que quiero, diles que juego y que rio, y diles siempre Dios mío que como ellos yo siento”.
 
 
Cada niño Con Síndrome de Down es un ángel del cielo que vive un tiempo entre los hombres para llenarnos de amor y paz.

http://www.aleteia.org/es/estilo-de-vida/contenido-agregado/oracion-de-un-nino-sindrome-de-down-5311694670659584

LA FUERZA DE UN RECUERDO

Tengo muchos recuerdos de mi padre y de cómo crecí a su lado en nuestro  departamento junto a las vías del tren elevado. Durante veinte años oímos el rugido del convoy cuando pasaba por la ventana de su dormitorio.

De noche, tarde, papá esperaba solo en las vías el tren que lo llevaba a su empleo en la fábrica, donde trabajaba en el turno de medianoche.


Esa noche en particular, esperé con él en la oscuridad para despedirlo. 

Su rostro estaba triste. Su hijo menor, es decir yo, había sido  reclutado. Le tomarían juramento a la mañana siguiente a las seis, mientras él estaba en su máquina de cortar papel en la fábrica.



Mi padre había hablado de su rabia. No quería que "ellos" se llevaran a su hijo de sólo diecinueve años, que nunca había bebido o fumado un cigarrillo, a pelear en una guerra en Europa. Puso sus manos en mis delgados hombros.


-Ten cuidado, Srulic, y si alguna vez necesitas algo, escríbeme y me ocuparé de que lo consigas.

De pronto oímos el rugido del tren que se aproximaba. Me abrazó con  fuerza y me besó suavemente en la mejilla. Con los ojos llenos de lágrimas murmuró:

-Te quiero, hijo mío.

Entonces llegó el tren, las puertas lo encerraron dentro y desapareció en la noche.

Un mes más tarde, a los cuarenta y seis años, mi padre murió. Tengo setenta y seis en el momento de sentarme a escribir esto. Una vez oí a Pete Hamill, el periodista de Nueva York, decir que los recuerdos son la mayor herencia de un hombre, y tengo que coincidir con él. Sobreviví a cuatro invasiones en la Segunda Guerra Mundial. He tenido una vida llena de todo tipo de experiencias. Pero el único recuerdo que permanece es el de aquella noche en que mi papá me dijo: "Te quiero, hijo mío".

Autor: Ted Kruger
encuentra.com

miércoles, 19 de marzo de 2014

Nos hablas, José




Con tu silencio como respuesta
y con tus pisadas, suaves y humildes,
nos muestras el camino de la fe.
Con tu silencio, obediente y puro,
hablas, más que con palabras,
con tus propias obras.

¡Sí; José!
Acercarse a tu pecho es sentir el rumor de Dios,
saber que, en la soledad y en la prueba,
es donde se demuestra la grandeza que presumimos,
la verdad o la mentira de lo que somos.
Nadie como Tú, José, habló tanto en imperceptibles palabras:
Tu vida fue un canto a la obediencia.
Tu caminar se convirtió en letra impresa.
Tu sendero marcó un antes y un después
para los que, como Tú, queremos seguir dejando huella.


¡Nos hablas, José!
Desde la bondad frente a tanto odio.
Desde la fe ante las dudas que nos rodean.
Desde el silencio cuando el ruido nos atenaza.
Desde la responsabilidad cuando caemos
bajo el peso de nuestras fragilidades.

¡Nos hablas, José!
En sueños que, mirando al cielo,
se convierten en destellos divinos.
En sueños que, mirando a la tierra,
nos empujan a ser decididamente rectos.
En sueños que, en las noches oscuras,
disipan preocupaciones y horas amargas.


¡Nos hablas, José!
Sin elocuencia pero con la verdad de tu vida.
Sin ruido pero con la decisión de tu cayado.
Sin, subidas o bajadas de ángeles,
pero con los pies en la tierra.
Sin riqueza en tu hogar ni monedas en tu túnica,
pero con el tesoro inmenso de tu fe sin límites.
¡Sí! ¡Así nos hablas, José!
Toda tu vida es páginas por escribir,
de alguien que ya habló con su propia existencia.
Amén.

P. Javier Leoz



 

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